7 feb. 2012

De Carnavales

Argentina nos recibió en ronda, como lo haría en cada pueblo en que paremos. Apenas bajamos las cosas del camión, el dueño de una panadería y unos cuantos empleados, se congregan a nuestro alrededor mientras armábamos las bicicletas. Nos preguntan quiénes somos, a dónde vamos, cuántos kilómetros hacemos por día, y todas las demás preguntas que de a poco vamos aprendiendo a responder.

Luego de despedirnos y almorzar, descubrimos la colorida rambla de Gualeguaychú, esa tan famosa por sus carnavales, su gente, su música y su alegría. No hacía falta que alguien viniera a hablarnos, el sólo hecho de estar sentado bajo la muy preciada sombra de un árbol ya nos decía que era un lugar donde lo que se respiraba era alegría.

Y así nos lo confirmó Cocoi, nuestro anfitrión que de brazos abiertos nos saluda en la mismísima rambla y nos invita a conocer las termas que descansan del otro lado del río.

Al llegar conocemos quienes compartirían el próximo día con nosotros: Emir y Carola junto a Nacor y Johanna, dos parejas que no dejarían de sorprendernos al dejarnos llevar por ese júbilo que inundaba la ciudad en plena época de carnavales, que nos sorprende, no en el corsódromo, sino en Solar del Este, playa plagada de arena mojada, espuma y sobre todo mucha música.

Fue en medio de tanta fiesta que los sueños encontraron su lugar, cuando Emir y Carola nos cuentan sobre su incipiente viaje a dedo desde Ushuaia hasta Perú, una aventura que venían anhelando hacía tiempo y que, enfrentando sus miedos, decidieron vivir: ahorraron unos meses, dejaron sus respectivos trabajos en España, y se tiraron al agua: esa misma que hoy transmitía una sinergia particular, en ese lenguaje que hablan quienes comparten sus sueños y saben que en algún momento se van a encontrar, sólo porque por ellos se guían.

No fuimos al Carnaval, no tiramos agua en un pomo ni bailamos por las calles de la ciudad, pero puedo asegurar que no fue necesario, que junto al río homónimo al lugar, entre mate y mate que compartíamos con Cocoi, pudimos vibrar al son de la música, esa que se dibuja en la risa contagiosa de cada Gualeguaychense.

2 comentarios:

gonchy dijo...

Excelente relato. Anhelo leer ese libro titulado "de Cicloturista a Gran Burgues" que quizas algun dia sea escrito... jajajaja
Continuen adelante, y me parece bien que luego de tanta "parranda" esten haciendo ahora un "retiro espiritual" en Cordoba.
Abrazos fuertes a los dos!

Diego González dijo...

Jajaja, exacto, estamos de "retiro espiritual", jajaja

 
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