15 abr. 2011

¿Quiénes somos?

Diego

De chiquito siempre le traía problemas a mi vieja. Recuerdo incontables reuniones con amigos en las que inocentemente se acercaba con una torta casera recién horneada entre sus manos y sonreía invitando a los comensales. Claro... lo que ellos no sabían era que en el fondo se acercaba aquel ser que por momentos parecía disfrutar de contar historias vergonzosas de sus hijos. Y nunca faltaba aquella, en la que tras acomodarse en el sillón, contaba alegremente cómo una mañana me escapé de casa.

Para entonces yo vivía en una quinta, en un lugar llamado Juanicó, en el departamento de Canelones. El lugar era, en aquel momento, una fiel muestra de un pueblo del interior de mi país. Allí el ritmo de vida transcurría lento y sin prisas, entre mañanas frescas y tardes de suaves brisas que acariciaban los durazneros; puertas sin tranca y vecinos que se saludaban en las calles. Mis abuelos paternos vivían del otro lado del pueblo, por lo que ir a visitarlos era una auténtica aventura. Y así fue que una mañana, cuando nadie me veía, comencé a caminar. Di uno o dos pasos, la verdad que no me acuerdo cuántos fueron, pero lo cierto es que nadie me gritó, nadie me escuchó ni me vió, nadie me dijo: "¡Diego! ¡Vení para acá!". Entonces seguí caminando.

Paseando entre los membrilleros por aquel camino de pedregullo suelto, los doscientos metros que me separaban de la orilla de la civilización era toda una travesía y cruzar la única calle asfaltada no lo era menos. Dicen los que me encontraron luego, que no paraba de repetir: "¡Tata, Tata!", aclamando a mi abuelo paterno... Y por supuesto, no faltó la aguafiestas que, al verme solo y tan chiquito, me tomó en brazos y me preguntó qué hacía. "Voy a lo del Tata", le repetía. Y no me dejó seguir caminando.

Años tuvieron que pasar para que repitiera una hazaña de tal calibre. Recuerdo que ese día estaba ansioso por llegar a casa y mi mamá seguía haciendo mandados en el camino. Tras avisarle varias veces que si no nos íbamos me largaría solo, comencé a caminar. Primero esperé en la esquina, para ver si apuraba el paso o si se tomaba en serio mi amenaza, pero al no ver cambio alguno, decidí continuar.

El entorno ya no era el mismo: vivíamos en Las Piedras, la segunda ciudad más poblada del país, donde las calles ya eran todas asfaltadas y el tránsito no podía siquiera compararse al del aquel pueblo. Evidentemente había que tener cuidado: mirar a ambos lados antes de cruzar y tratar de no perderse. Recuerdo que la tarde estaba calurosa y una tormenta amenazaba con desatarse en cualquier momento. Primero caminé recto unas cuantas cuadras, luego, no me acordaba bien dónde, sabía que tenía que doblar hacia la derecha... "¿Era esta u otra más?" me preguntaba. "No, no, la otra, creo..." me decía y caminaba una más. Hasta que en una me convenzo: "Tiene que ser acá". Doblé a la derecha y el barrio empezaba a parecerme más familiar... hasta que allí estaba, ¡mi casa!

Al llegar me abren la puerta asombrados. "¿Y tu mamá?" me preguntaron. "Ahora viene" les dije riéndome feliz de salir victorioso en mi aventura... aunque claro, la alegría no me iba a durar demasiado, ya que en unos minutos estaría recibiendo un buen rezongo por mi desobediencia. A partir de entonces, el barrio me quedaría un poco chico.

Fue así que empecé a disfrutar un poco más los viajes al interior del país con mi familia, completando rápidamente el Oeste y el Sur, pero cuando quise acordar, los viajes familiares fueron dando lugar al viaje con amigos, los cuales rondaban en la costa de Rocha, completando apenas un humilde muestrario del Este.

Para entonces ya había comenzado facultad. Decidirme al principio no fue fácil, siempre me intrigó cómo funcionaba el mundo, lo cual era bastante ambicioso y tenía mucho de muchas disciplinas, por lo que la decisión estaba entre la Física, la Filosofía, la Comunicación y la Astronomía... bien igualitas todas. Finalmente terminé optando por Ingeniería en Computación, lo cual no explica absolutamente nada del mundo... Y es que su belleza no está justamente en decirme por qué veo lo que veo, está en algo más grande: la abstracción de las ideas. Jugar tanto con la lógica despertó aún más esa inquietud de "mundo", despertó el tratar de comprenderlo, ya no porque me dieran las cosas digeridas, sino porque ahora contaba con un entrenamiento para abstraerme en las ideas, para poder fomular yo mismo qué pensar y cómo hacerlo.

No me quedó otra, entonces, que tomar a mi hermana un año y medio menor que yo y salir con ella a recorrer lo que me faltaba del país: el Norte y la otra parte del Este. Salimos durante la semana de Turismo y unos días más durante los últimos tres años, recorriendo el verde intenso del campo y viviendo su vasta inmensidad. Fue recién el último día que, tras recorrer los 19 departamentos de mi país y estar en una avioneta por primera vez, me doy cuenta de sus formas, de sus relieves, de su ondulado manto verde, y me percato de su auténtica fragilidad. "Allí es la Punta Muñiz, el punto más Oriental de la Patria" dice el piloto señalando con el dedo un pequeña península que se sumergía en la Laguna Merín. Evidentemente los dos miramos hacia donde nos indicaban, pero no ví nada... tengo que admitir que no vi nada. Fue ahí que me dí cuenta que las fronteras no son más que políticas.

Mi vieja se lleva el plato vacío, tan satisfecha ella por contar la historia como los comensales por disfrutar de la torta. No se qué placer sentirán los padres al contar ese tipo de anécdotas, quizá algún día lo averigüe y hasta me sorprenda a mí mismo haciendo algo similar. Lo cierto es que la historia parece repetirse, y hoy, a tan sólo 8 meses de comenzar este recorrido, sigo sintiendo la misma emoción que aquella vez que con tres años comencé a caminar.


Danny

Para que sepan quién es este Danny, debería empezar a hablar del año 2007, el peor año de mi vida por lejos, donde recibí muy duros golpes que me terminaron haciendo caer en el más profundo de los pozos, sentir el dolor más fuerte que me ha tocado vivir hasta el momento, pero hoy le estoy muy agradecido a ello y al haber tocado fondo, porque a pesar de que me costó muchísimo salir, todo eso me hizo replantear muchísimas cosas y sobre todo hacer dar cuenta que la vida es para vivirla HOY, no postergar más los sueños por NADA ni por NADIE.

Ese año negro lo terminé en Nueva Zelanda, donde la luz empezó a brillar, aunque eso demoró, porque a pesar de los miles de kilómetros que había recorrido, estos no fueron suficientes para lograr superar todo, demostrándome que hasta no “cambiar la cabeza” y el enfoque, los problemas y el dolor aún siguen ahí, no importa los kilómetros que se hagan. También era cuestión de tiempo, y fue así que con la mezcla de ambos, empecé a salir adelante y mejor aún, a reencontrarme con ese Danny que ya había desaparecido hacia muchísimo tiempo, por culpa de esa vida rutinaria que siempre había odiado y por estar 100 % metido en este sistema que también siempre había detestado. Es increíble cómo nos vamos dejando atrapar sin darnos cuenta, por este devorador sistema, que te va consumiendo y cegando poco a poco mientras nosotros seguimos, muy tonta e ingenuamente, creyendo ser felices, a pesar de no hacer nada de lo que realmente queremos o soñamos.

Luego de todos esos golpes (o como le llamo yo, “señales”) que se me presentaron, mi vida empezó a cambiar y empecé a verla de otra manera, o mejor dicho retomar el modo en que la veía antes de meterme completamente en el sistema.

SALIENDO pude comprobar que había algo más, que esa realidad que nos quieren imponer no es tan real, que esos límites y fronteras creados son sólo inventos de los Gobiernos para separarnos más; y pude comprobar además, que esas inquietudes que tenía en mi adolescencia, no eran tan incorrectas. Pero lo más importante fue sentir que no era el único "loco", ya que gracias a Dios pude conocer a muchísimos más, más de esos "locos" que tampoco se sienten parte de este sistema y buscan otras alternativas, que no aceptan todo lo que nos quieren imponer. Eso me fue llenando de motivación e incentivo y me ayudo a dejar salir todo eso, que en mi primera juventud me habían hecho guardar en un rinconcito muy oculto. Así empecé a ganar más fé, más confianza y a dejar fluir lo que mi corazón me indicaba, luchar por mis sueños, por lo que me gustaba, por lo que quería hacer… ¿sino para qué estaba recorriendo este maravilloso camino llamado VIDA?

Desde siempre mi familia, amigos y mucha gente me ha hecho esta pregunta: "¿Qué vas a hacer de tu vida? ¡Se te van los años, ya deberías de 'sentar cabeza'!"

Sinceramente eso me presionó durante gran parte de la vida, ya que nunca supe qué quería hacer de mi vida, y se suponía que debía saberlo, pero yo de lo único que sí estaba seguro -y con el tiempo lo fui reafirmando- era lo que NO quería hacer. Aún al día de hoy no le encuentro respuesta a esa pregunta, y tampoco la busco ni me interesa hacerlo, pero sí estoy convencido, de que no quiero caer de nuevo en la trampa del sistema, con su “seguridad” y “bienestar”, cuando en realidad tan solo somos esclavos de esa gran máquina superficial de trabajo – consumo – consumo – consumo – más consumo y desecho.

Hoy en día mi placer es viajar, no sé si lo será por siempre, pero HOY es lo que me hace feliz, lo que me hace sentir vivo, lo que me hace crecer. Sigo buscando alternativas, la manera de estar lo más alejado posible de este sistema… es algo muy difícil, pero no pienso bajar los brazos. Este viaje es parte de eso mismo, de poder aprender, conocer y descubrir de esas increíbles y maravillosas culturas, personas y lugares que forman el continente Americano, y me ayuden a seguir creciendo y comprobando que sí se pueden alcanzar los sueños y sobre todo, ser realmente FELIZ.

10 comentarios:

Diego Revello dijo...

DIEGO: No sabía lo de tus "escapadas" jaj, me encantó leerlas. Por otra parte me recordó cosas que solía hacer yo, ¡Sobre todo ir a visitar a mi abuelo!

DANNY: >hasta no “cambiar la cabeza” y el enfoque, los problemas y el dolor aún siguen ahí, no importa los kilómetros que se hagan.<
¡TENÉS MUCHA RAZÓN LOCO! Realmente que es así. La verdad que me sentí muy identificado con tus palabras (aunque confieso que quizás sea uno más de los tantos "normales" que hay en el mundo por no intentar cambiar nada del sistema que nos "venden" como bueno) Pero realmente me llegó y mucho lo que decís...
¡Arriba! me alegro muchísimo por vos también, que hayas salido adelante, pero sobre todo que hagas lo que realmente te gusta hacer! (:

Diego González dijo...

Y bueno... ¿Quién te dice, Diego, que después de todo no seas tan "normal"?

Dannybolso dijo...

Me alegra mucho q lo q escriba te llegue, y no se si seras "normal", tal vez no has podido encontrar esa fuerza o empuje necesario para despegar y escapar de la manada, mira q no es facil, esta demasiado bien armado todo. Pero deseo de corazon q podamos ayudar a contagiar la energia y fuerza necesaria para q todos puedan pelear por sus sueños.
Abrazo enorme y gracias por estar.

Unknown dijo...

¡Fuerza, chicos! Estoy segura que les va a servir como experiencia y además para volver a reencontrarse con sus propios yo, con sus ello y con sus superyo Je.¡Los adoro y nos vemos a la vuelta!(Pah como costó decir eso, a la vuelta suena lejos)

Vale.

Diego González dijo...

¡Muchísimas gracias, Vale! :)

^nDr35 dijo...

Chicos! gracias por estos posts! son realmente inspiradores..es fascinante conocer gente que tiene hambre de seguir sus sueños independientemente de las "normas" que nos instalaron desde siempre!!

Sigan y sigan en la ruta!!

Dios los bendiga!

Unknown dijo...

Tok tok!! Hay alguien por allí? Uffss veo que salieron a dar una vuelta en bici, ta pasabamos con la "gorda" y teníamos ganas de dejarles un beso.Ta,eso. Vale valeria.

Diego González dijo...

Si, si, volvemos para la cena, ¡espérennos!

Rodolfo Tupayachi dijo...

Hola, por curiosidad entré a ver su blog del viaje, dado que me causo sorpresa lo de Operación Susy Díaz, como así venir a conocerla, no entiendo, pero en fin, lo que me agrada es su determinación de conocer sudamérica de la forma en que la hacen, que excelente idea, leyendo sus historias es como sentirse en parte de ella, ojalá tuviera esa oportunidad de hacer un recorrido como el suyo. Yo, al igual que uds, siento un placer especial por el viajar y conocer, pero es gracioso que conozco más Europa que Sudamérica, los envidio chicos, muchos anímos y bueno suerte con la operación Susy Díaz.
Un abrazo,
Rodolfo
Lima, Perú

Diego González dijo...

Jaja, si, lo de Susy fue todo un tema... claramente, una broma, no es nada para tomarse en serio, jaja. Acá podrás ver en el blog que la forma en la que encaramos el viaje es bastante distinta. Y si tanto te gusta, ¡Te animo a intentarlo aunque sea una vez! Verás que no te arrepentirás, y por supuesto que cualquier cosa, estamos para ayudarte :)

 
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