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9 abr 2012

Lo más difícil

- ¿Y por qué te vas? ¿No fuiste bien atendido acá? -Me dijo seriamente y sin apartar sus ojos de los míos.

"¿Y no tenés miedo?" me han preguntado innumerables veces. "No", les respondo seguro y con una sonrisa de oreja a oreja, mientras cuento lo orgulloso que estoy de la gente maravillosa que he conocido, que sin dudarlo te integra a su familia y te hace sentir como en casa. Después termino mi discurso contándoles sobre la importancia de pedir ayuda y el miedo absurdo que tenemos al solicitarla.

Luego de un silencio, viene otra de las preguntas frecuentes: "¿Y qué ha sido lo más difícil?", y ahí vienen las historias de las subidas empinadas por las sierras de Córdoba, de los piquetes en su capital provincial, y del viento en contra en la Cordillera... hasta hoy. "¿Y qué ha sido lo más difícil?" me volvieron a preguntar sus amigos que recién en aquella cena me conocían y ponían en duda la veracidad de la historia, corroborada sólo por mi acento. Esta vuelta me agarró de improviso, y por primera vez y sin pensarlo, respondí: "Despedirme".

Las despedidas tienen un sabor agridulce: hablan de abrazos y hasta luegos, con la incertidumbre de alguna vez poderse volver a ver, con la certeza de que no será como ahora, pero aún así, con la sonrisa de un nuevo nacimiento: el de la posibilidad de reencuentro.

- Claro que sí -le respondo seguro-. Pero piensa en esto: Para mí has sido como una madre estos días, y te estoy muy agradecido; pero no puedo dejar de pensar en una cosa: ¿Cuánta gente maravillosa como vos resta aún por conocer?

27 mar 2012

Mi gran familia

Viejos papeles aseguran, en algún sótano de Montevideo, que tengo una sola hermana, una sola mamá, y un solo papá. Quiero contarles hoy, en esta pantalla brillante que tienen en frente, que un papel nunca estuvo tan equivocado.

Mi padre que allí se indica no es tal, al contrario de mi hermana que en estos momentos está en Hong Kong, persiguiendo una promesa, y que hoy me saludaba acá mismo, en esta pantalla, junto a mi madre y mi abuela, que estando en Las Piedras, se unían en el abrazo más cálido que los unos y ceros habrán entregado jamás.

También tengo un par de hermanas más: algunas en Montevideo y otra que mañana estará viajando hacia Rancagua, donde me encuentro ahora, viviendo junto a mis otros dos padres, con quienes no comparto sangre.

También está mi hermano, que por primera vez en esta travesía se separa de mí por unos días con la promesa de volvernos a ver. Y por supuesto, tengo otro hermano más en Durazno, que todos los días me lee y religiosamente me deja un par de mensajes con un montón de paréntesis y signos de dos puntos. Y por supuesto que hay otros dos, que sin saberlo acompañan a mi vieja en Las Piedras.

Pero como toda historia familiar bien entreverada, están aquellos de los que mi madre y mi padre nunca me contaron: aquellos que viven en Córdoba, en Luque, en San Francisco, en Santa Fé, en Paraná, en Luján de Cuyo, en Nueva Helvecia, en San Pedro, en Santiago de Chile, y en otros tantos lugares más.

Y quiero contarles algo que quizá les sorprenda, y es que somos muy unidos. Quizá no nos veamos en todos los cumpleaños y los velorios, pero mejor que nadie saben quién soy, muchas veces incluso más que yo, y de uno en uno, tal como si formaran una cadena, me acompañan a viajar, a soñar y a pensar. Siempre me abrigan cuando tengo frío y me invitan a refrescarme cuando hace calor. Siempre me responden con una sonrisa y me brindan una charla acompañada de un café, un mate, o una cerveza. Organizan asados, juntada con amigos, y hasta fiestas con tal de integrarme en sus círculos. Y por las noches, cuando todo está en silencio, me muestran sus fotografías, sus cuentos, o me invitan a contemplar las estrellas en las montañas.

Esa es mi familia, una grande y hermosa, una a la que temo no poder alojar toda en mi casa al mismo tiempo, pero una a la que le conté que forman parte de esta gran familia, de la que yo también no soy más que un eslabón.

Journey

Recorrer muchas carreteras
volver a casa
y verlo todo como si fuera la primera vez -T. S. Eliot

Cuando salimos en este viaje todo el mundo esperó que... bueno... viajemos. Pero este viaje tiene mucho más que eso, pretende ser una experiencia en sí, pretende no ser un mero traslado, sino un trayecto.  Los ingleses ya entendían estos conceptos, y les llamaron trip y journey para diferenciarlos. 

Y es en esa misma confusión en la que muchos caemos. Por momentos se trata de pedalear, pedalear y pedalear olvidándonos a veces lo importante que es contemplar. Ese ejercicio de traslado en pocas noches y estadía otras tantas es el mecanismo que hasta ahora ha caracterizado esta travesía. Es aquel mediante el cual nos hemos visto recompensados con gente maravillosa que en poco tiempo te invita a pasar a su vida formando parte de ella... Pero también comienza a suceder algo curioso: se convierte en una rutina.

No es que una rutina sea mala o buena por sí sola, pero es justamente algo que no se espera que tenga este viaje, y en lo que sin embargo caemos sin darnos cuenta.

Todo esto surgió a mí tras varios días de estar en Santiago de Chile y Rancagua. Aquí nos hemos reencontrado con varios amigos que casi son familiares y cuyas historias merecen una publicación a parte; y por esto mismo es que nos hemos visto obligados a detenernos, a dejar las bicis por unos cuantos días, y a encontrarnos a nosotros en una de las formas más transparentes que existe: a través de la mirada de quien nos conoce.

Que sucediera esto fue algo que llamó poderosamente mi atención. Pensé que justamente moviéndose todo el tiempo es que uno crece, pensé que el ir de acá para allá y conocer gente nueva a cada rato era la clave de esto, y sin embargo me doy cuenta que, una vez más, estaba equivocado. No es estar en constante movimiento lo que nos lleva a crecer, es simplemente, nuestra propia capacidad de encontrarnos en el otro.

Parece ser que, después de todo, para viajar es importante, también, detenerse.


18 mar 2012

Malas noticias

Muchas veces es más fácil amar que ser amado. Tenemos dificultades para aceptar la ayuda y el apoyo de los demás. Nuestra tentativa de parecer independientes no permite que el prójimo tenga la oportunidad de demostrar su amor. Muchas padres, en la vejez, roban a los hijos la oportunidad de dar el mismo cariño y apoyo que recibieron cuando eran niños. Muchos maridos (y mujeres), al ser alcanzados por ciertos rayos del destino se sienten avergonzados de depender del otro. Y, así, las aguas del amor no se extienden. Es preciso aceptar el gesto de amor del prójimo. Es preciso permitir que alguien nos ayude, nos apoye, nos de fuerzas para continuar. Si aceptamos este amor con pureza y humildad, comprenderemos que el Amor no es dar o recibir, es participar.


Exactamente dos meses habían pasado desde nuestro ingreso a Argentina, 3.000 km hemos recorrido desde nuestra salida de Uruguay, y por el paso más alto de la Cordillera de los Andes estuvimos, y aún así, al lado del túnel internacional y a los pies de la cordillera que recién ahora comienza a descender, puedo confesar que no he conocido una sola persona que no valiera la pena durante todo el trayecto.

Una de las preguntas frecuentemente más repetidas antes de comenzar el viaje es “¿No tenés miedo?”, y la respuesta es que, hasta el momento, sólo le tenía miedo a una cosa: cruzar la Cordillera de los Andes en bicicleta.

Creo que nos hemos acostumbrado por error al destrato: al chofer de ómnibus que no te saluda, a la chica que te lleva por delante en la calle, al viejo que te dice que porque sos joven y tenés un piercing sos un drogadicto, o al gerente que te dice que no sos apto para realizar determinada tarea… y todos ellos estarán en lo cierto siempre y cuando tú les permitas que así sea. Créanme: la gente es buena por naturaleza, si los malos son noticia es porque son los menos.

Pedir ayuda es algo totalmente subvalorado. Tememos hacerlo por quedar como boludos, ignorantes, o porque simplemente, como dije, estamos acostumbrados al destrato, al “no” fácil... pero cuando realmente nos animamos a hacerlo, podemos sorprendernos de la cantidad de gente que estará más que contenta en darnos una mano. Pedir ayuda es reconocer en uno la falta de conocimientos, de destreza o de medios para realizar algo, y a su vez reconocer en el otro la posibilidad de satisfacer nuestra necesidad… ¡es tratarlo en lugar de destratarlo! Y lo que se consigue a cambio es justamente la naturaleza desinteresada del acto.

Esto a su vez va generando una cadena: la persona ayudada adquiere la nueva destreza, habilidad o, eventualmente, medio, y cuando lo hace, comienza a sentir la necesidad de mostrarle a otro lo aprendido, de ofrecerle a otro lo adquirido, y deja de sentirse destratado para comenzar a sentirse valorado… Y cuando una persona se valora, comienza a sentirse mejor consigo mismo, lo que es la base para sentirse bien con otras personas… y al final, toda la comunidad entera adquiere un valor por el simple hecho de ser comunidad.

A todos ellos, a todos quienes hasta ahora forman parte de esta comunidad, que aportan a esta prueba que nos hemos propuesto de mostrar que las cosas pueden hacerse de forma diferente: desde la familia que nos abrió las puertas de su casa, desde la chica que viviendo sola decide alojarnos, desde el flaco aquel que nos acompaña con un mate, desde el camionero que se detiene en ruta a ofrecernos agua, desde nuestros amigos que a la distancia se hacen sentir bien cerquita cada vez que nos mandan un mail, hasta vos, que estás leyendo este blog en este momento, sepan todos ustedes que son quienes hacen posible esto… y no me refiero a nuestro viaje, sino a que el mundo sea un mejor lugar con cada gesto.

29 feb 2012

El Arte de Viajar

Si para conseguir lo conseguido
Tuve que soportar lo soportado
Si para estará ahora enamorado
Fue menester haber estado herido
Tengo por bien sufrido lo sufrido
Tengo por bien llorado lo llorado
Porque después de todo he comprobado
Que no se goza bien de lo gozado
Sino después de haberlo padecido
Porque después de todo he comprendido
Que lo que el árbol tiene de florido
Vive de lo que tiene sepultado

Varias veces me han dicho que leer el blog (este o los anteriores) es como leer una especie de diario íntimo, algo que tengo que admitir que a veces me da un poco de miedo… Y es que al escribir, uno se entrega completamente, cuenta lo que quiere contar pero sin censuras, dice lo que quiere decir cuando incluso muchas veces no se atreve a hacerlo en la cara. Y esto dice mucho del escritor, básicamente está entregando toda la información que éste procesa, y con ella, entrega su libertad. Quienes ya lo conocían no podrán verlo jamás con los mismos ojos, y quienes aún no lo conocen tampoco podrán hacerlo como si no supieran nada de él.

Supongo que esto debe pasarle a todo aquel que practique alguna forma de arte: el director de una película, el compositor de una canción, el pintor de un cuadro, o el escultor de un busto. Todos ellos dejan algo de sí en sus obras, todos ellos intentan mostrar, de distintas formas, lo que piensan, lo que sienten, lo que imaginan, o, lo que es más arriesgado aún, sus propios deseos más profundos.

Esto me hace pensar en qué es el Arte, y por qué es éste un concepto tan subjetivo. Bueno… creo que primero habría que intentar explicar qué es la Cultura. En mi opinión, la Cultura es todo aquello que nos identifica como sociedad, que muestra hábitos, idiosincrasia, y costumbres de todo un conjunto de personas, y se compone, entre otras cosas, por pequeñas unidades llamadas “Arte”.

Es así que el Arte no es más que una manifestación de aquello que nos identifica mediante una expresión de quienes somos: hay arte en un dibujo de un niño pequeño, en una escultura amorfa ubicada en el centro de una plaza, en una fotografía callejera, y hasta en la musiquita molesta que suena en el celular de un desconocido. ¿Pero por qué entonces no todos consideramos artísticas a estas cosas? Porque no todas ellas son un representante común de la sociedad. Podría decir, entonces, que éstas son “artes satélites” de aquellas: manifestaciones que adquieren sentido artístico sólo ante su creador o un grupo reducido y cercano de personas, pero no para la sociedad en sí. Es ahora que el Arte se transforma en un cuadro de hermosos paisajes, en una fotografía que retrata una costumbre, o en un documental sobre la forma de preparar un plato típico.

Bueno, ahora estoy donde quería llegar: ésta es mi forma de hacer arte. Viajar me identifica, me manifiesta, me expande y me hace crecer, y esto (la escritura) es mi forma de transmitirlo, es mi intento de que esto no sea un “arte satélite”. Y es sólo gracias a ustedes que en sus más de 10.500 visitas nos han mostrado que soñar es un denominador común a la sociedad, que realmente puede llegar a ser Arte: una esperanza que no se apaga, que está latente en todos ustedes y se multiplica con cada publicación, con cada vez que nos animamos a compartir más quiénes somos… Es sólo por ello que la entrega de libertad ya no se transforma en algo a lo que temerle, sino en un alimento que nos hace crecer juntos.

8 feb 2012

Un mes


Ya pasó un mes desde aquella hermosa mañana cuando salimos, fueron más de mil los kilómetros que se han recorrido, pero infinitas las sensaciones vividas. 
No creo que se logren encontrar las palabras justas para describir todo esto, imagino que sólo quienes se animan a largar todo y pelear por sus sueños, son quienes lo lograrán entender. Es muy difícil tomar esa decisión, pero les aseguro que después que lo hacen, se lo agradecerán por siempre. 


En este mes hemos conocido mucha, pero mucha gente; varios de ellos, a pesar de haber estado muy poco tiempo juntos, marcaron muy fuertemente nuestros corazones y nos hicieron reconfirmar lo importante que es priorizar los sentimientos por encima de la razón. Hemos compartido con una gran variedad de personas, de diferentes estatus sociales, la gran mayoría sin conocernos previamente, pero casi todos nos abrieron sus puertas, muchos de ellos hasta las de su corazón y es indescriptible la conexión que se logra cuando uno se abre completamente y deja fluir libremente los sentimientos.


Este fué el primer mes de varios que vendrán, las diferencias culturales han sido muy pocas por el momento, pero el aprendizaje y el crecimiento igualmente ha sido muy grande; y el cariño recibido, imposible de transmitir con palabras.


A todos ustedes, a los que nos apoyan desde su casa por internet; a quienes nos brindaron un lugar para poner la carpa, un colchón en el piso, una cama, un plato de comida, esa recarga de agua fresca en una tarde con más de 35° de calor, esa breve charla en el medio de una calle, ese bocinazo o saludo en la ruta, esa sonrisa y bienvenida a cada pueblo, ese abrazo sincero; a todos los que aún no conocemos pero sabemos nos están esperando para mostrarnos sus diferencias, sus culturas, sus bellezas, sus costumbres, y también compartirnos su amor y cariño, les queremos dar las GRACIAS por ayudarnos y darle un mayor sentido a este sueño.


7 feb 2012

Sin retorno

¿A dónde voy
con mi silencio?
¿A dónde voy?
Silbo y ya no pienso...

Ya ha pasado un mes y dos días desde que partimos a vivir este sueño, y de a poco comienzo a familiarizarme más y más con las inquietudes de muchos, que a su vez son las mías...

Es curioso como las preguntas se repiten, cómo las respuestas varían, y cómo uno muchas veces las responde con total seguridad, aunque en realidad no tenga la más pálida idea de lo que decir.

Una de esas preguntas difíciles de responder es "¿Hasta dónde van?" seguida de "¿Y cuánto tiempo tienen?" con su correspondiente aclamación "¡¿20 meses?!" como para asegurarse de que han escuchado bien.

Bueno... escucharon bien, 20 meses, pero la respuesta es en realidad más larga. Un viaje de este estilo te cambia todo; uno muchas veces sale por la mañana sin siquiera saber dónde dormirá esa noche, pero de alguna manera sabe que será en algún lugar tranquilo... Bajo esas condiciones mucho menos puede uno saber qué hará en 2 semanas, 1 año, o 20 meses, así que en realidad este es, en verdad, un viaje sólo de ida.

No digo con eso que uno no pueda volver, ni que no quiera hacerlo, en realidad dista mucho de eso. Sólo estoy diciendo que vivir un sueño (sea este o cualquier otro) es en verdad un evento que te cambia para siempre, un evento del que uno aprende a cada instante, incluso, de aquel de hace un año y medio, cuando decidió vivirlo... y es que justamente ése es el desafío: vivirlo.

Quién sabe... Quizá en 2 semanas me encuentre contando que me vuelvo a Uruguay, que en 10 meses me descubra contándoles que conocí a alguien y decidí quedarme en donde estoy, que en un año decida comenzar a trabajar y establecerme, o que en 20 meses me vea haciendo aquella carrera que dejé, retomando lo que hoy está a 1.300 Km de distancia... Y aún así, no fracasaría; aunque decida irme mañana de vuelta en monopatín a Uruguay, no fracasaría.

Fracasar sería no animarme a vivir lo que siempre soñé, dudar de mis propias ganas de hacerlo, temer a lo que soy o puedo llegar a ser, quedarme... pero nunca, jamás, volver.


 
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