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19 jun 2011

Utopías

Una vez más miro las caras de duda de mis conocidos ante mi respuesta... pero aún así pretendo ahorrarme mi discurso con un "¿Conocés?". Ante la irrefutable negativa me veo obligado a explicar. Casi siempre usaba dos discursos diferentes: uno para las personas con mente más abierta y otro para las no tanto... sin embargo, he descubierto que puede ser muy divertido zamparle de una la historia a ambos, al mejor estilo titular de un periódico amarillista:
- Es una red social para viajeros... o no. La idea es que se puedan conocer, recorrer lugares, pero sobre todo, quedarse a dormir en la casa de otros miembros aunque no se hayan conocido antes.

Las reacciones son variadas: a veces se echan a reír, otras no dicen nada por temor a parecer ignorantes o quizá para que yo continúe con mi explicación y así saciar sus curiosidades de corte antropológico. Pero sea cual sea el caso, abandono el sensacionalismo y trato de explicarles de manera más terrenal:
- El nombre significa surfear sofás. En la red, el concepto 'sofá' hace referencia a un lugar donde quedarse a dormir, y surfear hace referencia a bueno... eso... 'surfear', ir de un lado a otro. Si vos, supongamos, sos una persona que va a determinado lugar y quiere conocer mejor la cultura, entonces podés ponerte en contacto con un local y pedirle que te aloje, o ir con él a determinados lugares como bares o boliches
La mayoría ya cambia la mirada, y ahora muestran real interés. Sin embargo, la siguiente pregunta de rigor es sobre la seguridad. Y aquí es cuando más divertido se pone.

La seguridad no es más que la inhibición de ciertas opciones, o el poseer planes de contingencia en caso de que estas opciones indeseadas prosperen; así que con sólo esa definición ya puedo decir que la seguridad es lo opuesto a la libertad, ya que libertad no se trata de hacer lo que uno quiere (como se supone que dicta el estándar), sino de tener todas las opciones disponibles y así poder optar por cualquiera de ellas. Sin embargo, cuanto más seguros estamos, menos podemos optar, y por consiguiente, menos libres somos.

Si, claro, podría pasar que sin pretenderlo me quede en casa de un asesino serial o me vea más vulnerable durmiendo en el cuarto de al lado de un psicópata... ¿Pero que no es, acaso, semejante la probabilidad de que ese psicópata esté también al lado mío en el ómnibus? O mejor, ¿no es más probable, de hecho, que ese psicópata esté parado junto a mí en la cola de un banco que en una red social de hospitalidad? Bueno, está bien... admito que lo anterior es una visión bastante optimista... ¿pero es tan imposible?

En principio, yo era uno de los que también pensaba que sí, pero no me dejé llevar por eso y decidí investigar, y los números me asombraron: Más de 5:500.000 de encuentros con un total de 3:000.000 miembros, de los cuales, a lo largo de los algo así como 5 años, sólo uno terminó de forma grave, y se trató de una aparente violación por parte de un inglés a su huésped china. Bien... en mi país somos 3:500.000 personas, y me encuentro con violaciones todas las semanas... Nunca me destaqué en matemáticas, pero después de todo, parece ser que las probabilidades del psicópata en la cola del banco sea mayor que la del psicópata que participa activamente en esta red social de hospitalidad. Y esto me vuelve a la pregunta anterior: ¿Es tan imposible?


La mayoría de las grandes ideas nunca fueron comprendidas en su época, siempre fueron consideradas utópicas, justamente por ser impracticables. Claro... impracticables en ese contexto. Sin embargo, sin esas grandes ideas no hubiésemos sido capaces de avanzar, no hubiesen habido motores que propulsaran el desarrollo creativo, que perdieran en el proceso para ganar en experiencia y aprendizaje, para ir perfeccionándose de a poco, al punto tal en que dejan de ser ideas para pasar a ser realidades, al punto tal en que dejan de ser utopías para pasar a ser practicables.

Es así que el sentido de incredibilidad de que esta red social funcione no es que sea, después de todo, improbable, sino que sea demasiado libre, y de que se trate de una comunidad que, en términos generales, así lo entiende y lo practica, convirtiéndolo en una realidad.

¿Dejará de ser, entonces, una utopía para ser algo practicable? No puedo esperar a verlo, pero mientras tanto, prefiero emprender una aventura como esta (la del viaje en bicicleta) y la de ser partícipe en CouchSurfing ↗ para ganar experiencia y aprendizaje y de esta forma ir haciéndolo practicable.


8 may 2011

Mil años

Era ya de noche cuando me llamaron de Recursos Humanos para informarme que tenía el seguro de vida listo para firmar:
- Después voy, ahora no puedo porque me estoy yendo a una sucursal -les dije
Tomé un vale de taxi y me paro en la esquina a esperar que pase uno cuando me suena el celular. Era mi mamá. Desde el otro lado me preguntaba cómo había estado en esos días y si estaría yendo a cenar. Le dije que sí pero que le tenía que colgar porque justo llegó mi transporte.

Cuando arribo a mi destino, saludo y me presento. Era la primera vez que estaba allí y nadie me conocía. Una mujer muy amable me ayuda con mi tarea y, antes de irme, me pregunta si le puedo dar una mano con la suya. Me siento en su escritorio y entra un muchacho:
- Hola, ¿esto es una Agencia? -pregunta un tanto despistado
- Sí, una Agencia de viajes -le aclaramos suponiendo que él buscaba una agencia de cobranza, que es el producto más conocido de la empresa
- Bueno... -dice metiendo frenéticamente su mano en el bolsillo derecho.

Hacía no demasiado había estado haciendo bromas con un compañero de trabajo sobre que algo así podría pasar, pero en verdad nunca había imaginado que efectivamente podría volverse realidad. En el momento me repetía a mis adentros "esto no está pasando, esto no está pasando..."

Fue, como mucho, un segundo, pero parecieron mil años. Él, finalmente luego de luchar contra sus propios demonios, saca un arma y apunta hacia todos lados:
- ¡La guita, quiero la guita! -repetía rápidamente, mientras uno de los funcionarios alcanza a reaccionar y decirle que no había- ¡Al sótano! ¡Rápido!
A empujones nos lleva a la escalera, en cuyo descanso unos carpinteros sueldan unos fierros que luego servirían de soporte para las futuras cámaras de seguridad. Desorientados, nos apuntan con la llama candente de hidrógeno y pasados unos segundos se percatan de lo sucedido. Para entonces, quien había entrado al local hacía instantes como un joven confundido, les ordena apagarlo y tirarse al piso.


Veinte minutos pasaron en los que él y luego un compañero suyo, nos amenazaban con matarnos. Mientras uno buscaba por todos los rincones, el otro nos mostraba las balas y, temerario pero no temeroso, nos recordaba cuál sería nuestro destino si no le ayudábamos en su cometido.

Cuando finalmente se convencieron de que nadie allí les podía ayudar y que aquel lugar no era, efectivamente, el acertado, me toma de la corbata y me arrebata la dignidad presionando sobre mi frente el doloroso frío de su arma:
- ¿Dónde está la guita?
- Ya te dijimos, flaco, no hay plata acá
Los milisegundos que le siguieron fueron eternos. A pesar de lo que se suele ver en televisión, no ví una película en alta velocidad de mi vida. Por el contrario, ví todas aquellas cosas que en ese mismo día podría haber hecho y no hice: hablar con el tachero que me llevó hasta ese lugar, hablar con mi mamá sobre la cena, firmar el seguro de vida... y hasta reírme más con mi compañero de trabajo de lo que en aquel momento parecía una situación improbable.

Fue entonces cuando volví a nacer:
- ¡Al baño!
Evidentemente no sabía dónde era el baño, por lo que, raquítico, me dirijo a donde supongo está situado: al fondo a la derecha. Contento por haber tenido buen tino, me siento en el water con las manos en la cabeza, esperando por conocer la fortuna de mis compañeros. En lo que restaría de la noche, las agujas del reloj girarían en forma desenfrenada.

A partir de entonces, decidiría que la vida podía llegar a ser demasiado corta como para desaprovechar cada oportunidad. Recordé todas aquellas veces que para no pasar vergüenza me prohibí decir la palabra justa en el momento justo, que por miedo no di un abrazo que tanto quise dar, que por mi infundada limitación no dije lo que tanto quería decir... o peor aún, que por dormir 15 minutos más, no acepté la oportunidad de conocer gente maravillosa.

Ya estaba decidido a no dejar pasar una sola oportunidad más... Y así fue como una noche me encontré con un cuerpo de baile irlandés bailando música celta en una peatonal, como me hice amigo de un colombiano enamorado de mi país, como terminé redescubriendo Montevideo de la mano de un indio, un francés y una yankie... o mejor aún, así fue como disfruté de un mate con mis compañeros de facultad, como disfruté de una noche en la playa con amigos, como disfruté de un almuerzo familiar, como disfruté simplemente de disfrutar. Fue entonces cuando volví a vivir.

***

Los días siguientes a aquel encuentro con mi amigo significó mucho más. Significó la primera oportunidad real de cumplir un sueño... un sueño que implicaba dejar muchas cosas atrás: familia, amigos, trabajo, estudios... pero también miedos.

Hasta entonces con la promesa que me había hecho conmigo mismo la venía llevando muy bien: no había descuidado ninguna de mis responsabilidades de "vida de adulto", pero tampoco había dejado de disfrutar las cosas que se me presentaban... ¿Sería hasta ahora? Si quería que así fuera, el precio que tenía que pagar era mucho más alto, un precio que se confunde con un vicio difícil de dejar: el de la seguridad.

Más de un mes me llevó saber si debía o no traicionarme a mí mismo, si debía serme fiel o, por otra parte, hacerme el perro boludo y esperar vivir esa aventura desde afuera, como un abnegado lector del Facebook de mi amigo. No, no quería que así fuera, yo quería ser también partícipe; yo quería ser también autor. Y, al salir del trabajo, en un arrebato de cordura, me sorprendí llamando a Nueva Zelanda.

28 abr 2011

El reencuentro

Según Diego...
No es este el relato de hazañas impresionantes, no es tampoco meramente un "relato un poco cínico"; no quiere serlo, por lo menos. Es un trozo de dos vidas tomadas en un momento en que cursaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños. Un hombre en nueve meses de su vida puede pensar en muchas cosas que van de la más elevada especulación filosófica al rastrero anhelo de un plato de sopa, en total correlación con el estado de vacuidad de su estómago. Y si al mismo tiempo es algo aventurero, en ese lapso puede vivir momentos que tal vez interesen a otras personas y cuyo relato indiscriminado constituiría algo así como estas notas. -Ernesto "Che" Guevara
Como casi todas las cosas más importantes de nuestras vidas, todo comenzó como por casualidad... no podría decir bien cuándo. Quizá haya sido hace unos 10 años, o quizá hace apenas unos 10 meses... todo depende de cuánto quiera yo darle protagonismo al destino.

Un día de esos en los que uno no mucho tiene que destacar, estaba en Facebook teniendo varias charlas de ascensor, cuando al costado de la página me aparece una foto familiar bajo el título de "Sugerencias de Amigos". En algún lugar extraño de los algoritmos de algún servidor en vaya uno a saber dónde, alguien quiso que allí abajo apareciera un amigo que hacía más de 5 años no veía. Sin pensarlo demasiado y movido nada más que por la curiosidad, hice clic en "Agregar Amigo".

Poca importancia le dí cuando me aceptó, pero bien que me dediqué a mirar sus fotos y descubrir lugares fantásticos en Tailandia o Nueva Zelanda. Hacía no demasiado tiempo había leído un libro de Eduardo Rejduch llamado "Hasta donde me lleve el viento" ↗, y había viajado junto a él a los lugares más remotos del planeta, enamorándome, a través de sus relatos, de un país llamado Tonga, al cual me recordaban aquellas fantásticas imágenes. Me pregunté cómo habría llegado, y qué habría sido de su vida para terminar en ese rincón del mundo, pero alguna notificación me distrajo de averiguarlo. No fue hasta unos días después que Facebook me avisa del cumpleaños de este personaje y refugiado con tal excusa, me saco esas dudas.

Los mensajes fueron y vinieron, hablando ya de buenas a primeras sobre viajes y aventuras. Por mi parte, mi experiencia no era demasiado impresionante, pero aún me encontraba motivado y extasiado por una experiencia reciente ↗ en la que un lugar llamado Cabo Polonio fue mi confidente. Fue ahí que me di cuenta de que mi lugar era más grande de lo que creía.

Desde el otro lado del mundo uno de esos mensajes comenzaba con "En unas semanas estaré por Uruguay, ¿y si nos vemos?"; y unas semanas más tarde, desde el otro lado de la ciudad, ese mensaje terminaba con "¿Mañana a eso de las diez y media podés?" Yo quedaba libre a esa hora, por lo que arreglamos para juntarnos y así compartir esa pasión de perderse en un paisaje, de esa sed de culturas, y de esas ganas de vivir nuestros sueños.

Recuerdo salir del trabajo una noche fresca de Junio y caminar apurado hacia el centro de Montevideo. En las calles oscuras y tristes, tapizadas por el ocre de las hojas de los árboles, pensaba en que sin dudas estaría llegando temprano a mi casa, para acostarme calentito y comenzar al otro día de nuevo; después de todo, ¿cuánto tenía para hablar con una persona que no veía hacía tanto tiempo? Está bien que compartiéramos nuestras ideas, ¿pero había tanto como para varias cervezas o con una sola bastaría? Nunca imaginé que la respuesta sería ninguna de las dos, y que una sola cerveza en una pizzería de 18 de Julio y Minas pudiera rendir tanto.

Rápidamente me fui enterando de cómo surgieron esos viajes, y rápidamente fui recordando los míos, que postergados en el tiempo, eran guardados celosamente en algún rincón de la memoria.

"Y a finales del año que viene pienso volver... tengo ganas de recorrer Sudamérica" "¡Andá! ¿En serio?" le pregunté admirando tanta determinación. Para entonces había jugado mucho con una idea similar. Pensaba en Irlanda como destino, pero también solía tentarme con la idea de ir a Machu Pichu con mis compañeros de facultad, y hasta incluso de recorrer el camino del Inca. Pero siempre quedaba en ideas, vagas y sueltas, y en alguna conversación mirando un punto muerto y preguntándome cuándo se podrá hacer realidad. "Si... aún no se bien cómo, pero estoy seguro que lo voy a hacer..." dice tomando un trago de cerveza mientras mira lo que había sobrado de pizza. Yo por un instante me transporto, imaginándome los lugares y las personas que uno podría encontrarse en un recorrido como ese, imaginando que, como tantas otras veces, todo se volvía real, tan real, que hasta podía sentir la humedad de los bosques que descansan en las laderas de los Andes.

Fue entonces cuando me pregunta decidido: "¿Querés venir conmigo?". Dentro mío dos partes se peleaban furiosamente al escuchar esas palabras, y la vencedora respondió entre risas: "¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! No, no, gracias, Danny, pero no puedo... tengo que terminar facultad, tengo un laburo en el que estoy cómodo y me gusta, no es el momento...". Mi otra parte, derrotada en algún rincón de mi cabeza, me insultaba a gritos. "¿Qué? ¿No querés?" insistió. "Si, claro que sí..." decía victoriosa mi capacidad de razonamiento "...pero querer quiero muchas cosas. Quiero ir a Irlanda, quiero recibirme ahora... Pero ahora no puedo, Danny, simplemente no puedo", "Yo no te pregunté si podías, yo te pregunté si querías". Ahora me encontraba algo avergonzado, y sólo pude responder con el silencio.

Algunas horas más tarde y ya cerca de la madrugada estaría despidiéndome de aquel personaje en la terminal de ómnibus, preguntándome si sabría algo más de sus andanzas, y sobre todo, de su inminente travesía. Al subirme al ómnibus varias ideas pasaron por mi cabeza. La primera de ellas incluía dormir, por supuesto, pero una segunda consistía en qué se sentiría lanzarse al agua de esa manera, cómo sería la vida en ese momento, y sobre todo, si eso era tan fuerte como para dejar de lado todo a lo que uno está acostumbrado. "No, no lo es... está loco" me decía a mí mismo mientras la terminal se escondía lentamente tras algunos edificios.

Durante el camino no logré pegar un ojo. Abrí la ventana, y pese que el aire fresco entraba a toda velocidad, no lograba que se llevara esas preguntas de mi cabeza, la cual era escenario de una dura batalla que duraría hasta entrada la madrugada, cuando el cansancio fue cediendo ante los sueños.


Según Danny...

Por principios de este nuevo milenio, y entre tanta gente maravillosa que conocí gracias a la vieja y querida “Lista de Buitres”, se encontraban 2 hermanos muy jóvenes y tímidos, que aprendí a querer mucho, a pesar de que no formaban parte del grupo con el que más seguido nos veíamos y compartíamos momentos inolvidables. De Diego y Lucía no supe mucho más por varios años, hasta que, a pesar de negarme por un buen tiempo, entre a ese mundo de Facebook y gracias a él volví a encontrarme con muchísimos amigos, viejos conocidos y un montón de gente, hasta que un día no recuerdo como, vi por ahí, al ahora ex “el Cable” y le envié una “solicitud de amistad”. Como me suele suceder muy a menudo, deje para escribirle después, y como siempre ese después se hizo eterno. Pero un día por algún motivo llegue a sus blogs y me re colgué con su manera de escribir y transmitir sus vivencias, y ya aproveche y le escribí (o fue la respuesta a un mensaje suyo?)

Desde ahí nos empezamos a escribir más seguido, y los mensajes cada vez se hacían más largos y más interesantes, donde además de contar la actualidad de nuestras vidas, nos intercambiábamos nuestras experiencias y aventuras, aunque él cometía el gran error de siempre tirarse abajo y creía que sus hermosas vivencias eran algo de menor importancia por el hecho de que no eran "internacionales", eran a menor escala según él, esa fue una de las pocas grandes discrepancias que tuvimos. Mientras, me fue atrapando con su manera de ver y vivir las cosas y me hacía sentir muy identificado con él, además de hacerme sentir muy feliz al escuchar a otra persona que hablara mí mismo “idioma”, el lenguaje de los “locos” según la gente “normal”.

Llegaba el 1er añito de mi sobrino y ahijado, así que se venía mi segunda visita al Uruguay, y ya aprovechar a visitar y saludar viejos amigos y conocidos, varios de los que no había podido ver el año anterior. Uno de ellos seria Dieguito.

Como me había pasado la visita anterior, la mayoría de la gente estaba metida en esa super agitada rutina de estudiar, trabajar y no tener ni un momento libre, solo los fines de semana (y a veces), por lo que se me dificultaba poder verlos a todos. Entonces tenía que hacer jornadas de múltiple visita, ese día recuerdo que fue triple, donde se cerraba a última hora de la noche con este gran personaje que venía de hacerse una hermosísima caminata desde La Paloma al Polonio, y ya me había cautivado con su relato en el blog, pero quería revivirlo y escucharlo en persona.

Pero aunque ya se me había cruzado por la cabeza la idea, nunca imagine que esa noche, en ese reencuentro se confirmarían mis presentimientos. Pero es que a medida que lo escuchaba, que pasaba más tiempo, me daba cuenta que esa era la persona ideal, la que veía y sentía las cosas como yo, la que quería disfrutar y vivir el camino, no solo transitar y hacer kilómetros. Fue así que sin pensarlo se fueron dando las cosas y las palabras saliendo de mi boca, mi cabeza ya estaba volando y me veía recorriendo nuestra hermosa Latinoamérica junto a él.

Ese sueño de recorrer nuestra Abya Yala lo tuve desde siempre aunque no lo había compartido con mucha gente, mi idea original siempre había sido en moto, incrementado más aun luego de ver “Diarios de motocicleta”. Un día chateando con mi gran amigo y ex socio, Leo, él me comenta que se iba con “El pelado” a recorrer América en moto, yo no podía creer lo que escuchaba, ya que habíamos compartido mucho tiempo juntos pero nunca habíamos hablado de eso. Su viaje se canceló y luego surgió la idea de hacerlo juntos. Pero la diferencia en nuestros tiempos y un poco las diferentes expectativas de cada uno en torno al viaje, hicieron que quedara en solo una idea.

Yo ya estaba decidido a hacerlo, sólo igual, aun no sabía si en moto, a dedo o en bici, solo sabía que lo quería y lo iba a hacer. Me seducía mucho la idea de hacerlo sólo, ya que en el correr de la vida me tuve que acostumbrar a recorrer gran parte de ella en soledad, sobre todo en lo que respecta a viajes, y ya me acostumbré y me gusta mucho ya que te da la libertad de elegir y hacer lo que quieras, sin dar explicaciones. Aunque obviamente, como todas las cosas tiene sus pros y contras, al igual que hacerlo de a 2, ya que está muy bueno el poder compartir, pero es muy difícil encontrar esa pareja de viaje, esa alma gemela con la que se logre tener la mínima cantidad de diferencias para hacer el camino con un mismo fin y poder sacarle el máximo provecho.

Pero bueno, ahí estaba frente a mí, ese mismo personaje que me había conquistado con su blog y ya había pre convencido a mi inconsciente, solo restaba una buena charla y ese contacto personal que es el que te ayuda a conocer un poco más a la otra persona. Pero esa charla, a altas horas de esa noche entre semana, fue el toque final que necesitaba, aunque sin pensarlo, para que hoy varios meses después, ya estemos encaminados en esta hermosa aventura a la que solo le faltan pocos meses para dar inicio.



 
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