28 abr. 2011

El reencuentro

Según Diego...

No es este el relato de hazañas impresionantes, no es tampoco meramente un "relato un poco cínico"; no quiere serlo, por lo menos. Es un trozo de dos vidas tomadas en un momento en que cursaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños. Un hombre en nueve meses de su vida puede pensar en muchas cosas que van de la más elevada especulación filosófica al rastrero anhelo de un plato de sopa, en total correlación con el estado de vacuidad de su estómago. Y si al mismo tiempo es algo aventurero, en ese lapso puede vivir momentos que tal vez interesen a otras personas y cuyo relato indiscriminado constituiría algo así como estas notas. -Ernesto "Che" Guevara
Como casi todas las cosas más importantes de nuestras vidas, todo comenzó como por casualidad... no podría decir bien cuándo. Quizá haya sido hace unos 10 años, o quizá hace apenas unos 10 meses... todo depende de cuánto quiera yo darle protagonismo al destino.

Un día de esos en los que uno no mucho tiene que destacar, estaba en Facebook teniendo varias charlas de ascensor, cuando al costado de la página me aparece una foto familiar bajo el título de "Sugerencias de Amigos". En algún lugar extraño de los algoritmos de algún servidor en vaya uno a saber dónde, alguien quiso que allí abajo apareciera un amigo que hacía más de 5 años no veía. Sin pensarlo demasiado y movido nada más que por la curiosidad, hice clic en "Agregar Amigo".

Poca importancia le dí cuando me aceptó, pero bien que me dediqué a mirar sus fotos y descubrir lugares fantásticos en Tailandia o Nueva Zelanda. Hacía no demasiado tiempo había leído un libro de Eduardo Rejduch llamado "Hasta donde me lleve el viento" ↗, y había viajado junto a él a los lugares más remotos del planeta, enamorándome, a través de sus relatos, de un país llamado Tonga, al cual me recordaban aquellas fantásticas imágenes. Me pregunté cómo habría llegado, y qué habría sido de su vida para terminar en ese rincón del mundo, pero alguna notificación me distrajo de averiguarlo. No fue hasta unos días después que Facebook me avisa del cumpleaños de este personaje y refugiado con tal excusa, me saco esas dudas.

Los mensajes fueron y vinieron, hablando ya de buenas a primeras sobre viajes y aventuras. Por mi parte, mi experiencia no era demasiado impresionante, pero aún me encontraba motivado y extasiado por una experiencia reciente ↗ en la que un lugar llamado Cabo Polonio fue mi confidente. Fue ahí que me di cuenta de que mi lugar era más grande de lo que creía.

Desde el otro lado del mundo uno de esos mensajes comenzaba con "En unas semanas estaré por Uruguay, ¿y si nos vemos?"; y unas semanas más tarde, desde el otro lado de la ciudad, ese mensaje terminaba con "¿Mañana a eso de las diez y media podés?" Yo quedaba libre a esa hora, por lo que arreglamos para juntarnos y así compartir esa pasión de perderse en un paisaje, de esa sed de culturas, y de esas ganas de vivir nuestros sueños.

Recuerdo salir del trabajo una noche fresca de Junio y caminar apurado hacia el centro de Montevideo. En las calles oscuras y tristes, tapizadas por el ocre de las hojas de los árboles, pensaba en que sin dudas estaría llegando temprano a mi casa, para acostarme calentito y comenzar al otro día de nuevo; después de todo, ¿cuánto tenía para hablar con una persona que no veía hacía tanto tiempo? Está bien que compartiéramos nuestras ideas, ¿pero había tanto como para varias cervezas o con una sola bastaría? Nunca imaginé que la respuesta sería ninguna de las dos, y que una sola cerveza en una pizzería de 18 de Julio y Minas pudiera rendir tanto.

Rápidamente me fui enterando de cómo surgieron esos viajes, y rápidamente fui recordando los míos, que postergados en el tiempo, eran guardados celosamente en algún rincón de la memoria.

"Y a finales del año que viene pienso volver... tengo ganas de recorrer Sudamérica" "¡Andá! ¿En serio?" le pregunté admirando tanta determinación. Para entonces había jugado mucho con una idea similar. Pensaba en Irlanda como destino, pero también solía tentarme con la idea de ir a Machu Pichu con mis compañeros de facultad, y hasta incluso de recorrer el camino del Inca. Pero siempre quedaba en ideas, vagas y sueltas, y en alguna conversación mirando un punto muerto y preguntándome cuándo se podrá hacer realidad. "Si... aún no se bien cómo, pero estoy seguro que lo voy a hacer..." dice tomando un trago de cerveza mientras mira lo que había sobrado de pizza. Yo por un instante me transporto, imaginándome los lugares y las personas que uno podría encontrarse en un recorrido como ese, imaginando que, como tantas otras veces, todo se volvía real, tan real, que hasta podía sentir la humedad de los bosques que descansan en las laderas de los Andes.

Fue entonces cuando me pregunta decidido: "¿Querés venir conmigo?". Dentro mío dos partes se peleaban furiosamente al escuchar esas palabras, y la vencedora respondió entre risas: "¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! No, no, gracias, Danny, pero no puedo... tengo que terminar facultad, tengo un laburo en el que estoy cómodo y me gusta, no es el momento...". Mi otra parte, derrotada en algún rincón de mi cabeza, me insultaba a gritos. "¿Qué? ¿No querés?" insistió. "Si, claro que sí..." decía victoriosa mi capacidad de razonamiento "...pero querer quiero muchas cosas. Quiero ir a Irlanda, quiero recibirme ahora... Pero ahora no puedo, Danny, simplemente no puedo", "Yo no te pregunté si podías, yo te pregunté si querías". Ahora me encontraba algo avergonzado, y sólo pude responder con el silencio.

Algunas horas más tarde y ya cerca de la madrugada estaría despidiéndome de aquel personaje en la terminal de ómnibus, preguntándome si sabría algo más de sus andanzas, y sobre todo, de su inminente travesía. Al subirme al ómnibus varias ideas pasaron por mi cabeza. La primera de ellas incluía dormir, por supuesto, pero una segunda consistía en qué se sentiría lanzarse al agua de esa manera, cómo sería la vida en ese momento, y sobre todo, si eso era tan fuerte como para dejar de lado todo a lo que uno está acostumbrado. "No, no lo es... está loco" me decía a mí mismo mientras la terminal se escondía lentamente tras algunos edificios.

Durante el camino no logré pegar un ojo. Abrí la ventana, y pese que el aire fresco entraba a toda velocidad, no lograba que se llevara esas preguntas de mi cabeza, la cual era escenario de una dura batalla que duraría hasta entrada la madrugada, cuando el cansancio fue cediendo ante los sueños.


Según Danny...

Por principios de este nuevo milenio, y entre tanta gente maravillosa que conocí gracias a la vieja y querida “Lista de Buitres”, se encontraban 2 hermanos muy jóvenes y tímidos, que aprendí a querer mucho, a pesar de que no formaban parte del grupo con el que más seguido nos veíamos y compartíamos momentos inolvidables. De Diego y Lucía no supe mucho más por varios años, hasta que, a pesar de negarme por un buen tiempo, entre a ese mundo de Facebook y gracias a él volví a encontrarme con muchísimos amigos, viejos conocidos y un montón de gente, hasta que un día no recuerdo como, vi por ahí, al ahora ex “el Cable” y le envié una “solicitud de amistad”. Como me suele suceder muy a menudo, deje para escribirle después, y como siempre ese después se hizo eterno. Pero un día por algún motivo llegue a sus blogs y me re colgué con su manera de escribir y transmitir sus vivencias, y ya aproveche y le escribí (o fue la respuesta a un mensaje suyo?)

Desde ahí nos empezamos a escribir más seguido, y los mensajes cada vez se hacían más largos y más interesantes, donde además de contar la actualidad de nuestras vidas, nos intercambiábamos nuestras experiencias y aventuras, aunque él cometía el gran error de siempre tirarse abajo y creía que sus hermosas vivencias eran algo de menor importancia por el hecho de que no eran "internacionales", eran a menor escala según él, esa fue una de las pocas grandes discrepancias que tuvimos. Mientras, me fue atrapando con su manera de ver y vivir las cosas y me hacía sentir muy identificado con él, además de hacerme sentir muy feliz al escuchar a otra persona que hablara mí mismo “idioma”, el lenguaje de los “locos” según la gente “normal”.

Llegaba el 1er añito de mi sobrino y ahijado, así que se venía mi segunda visita al Uruguay, y ya aprovechar a visitar y saludar viejos amigos y conocidos, varios de los que no había podido ver el año anterior. Uno de ellos seria Dieguito.

Como me había pasado la visita anterior, la mayoría de la gente estaba metida en esa super agitada rutina de estudiar, trabajar y no tener ni un momento libre, solo los fines de semana (y a veces), por lo que se me dificultaba poder verlos a todos. Entonces tenía que hacer jornadas de múltiple visita, ese día recuerdo que fue triple, donde se cerraba a última hora de la noche con este gran personaje que venía de hacerse una hermosísima caminata desde La Paloma al Polonio, y ya me había cautivado con su relato en el blog, pero quería revivirlo y escucharlo en persona.

Pero aunque ya se me había cruzado por la cabeza la idea, nunca imagine que esa noche, en ese reencuentro se confirmarían mis presentimientos. Pero es que a medida que lo escuchaba, que pasaba más tiempo, me daba cuenta que esa era la persona ideal, la que veía y sentía las cosas como yo, la que quería disfrutar y vivir el camino, no solo transitar y hacer kilómetros. Fue así que sin pensarlo se fueron dando las cosas y las palabras saliendo de mi boca, mi cabeza ya estaba volando y me veía recorriendo nuestra hermosa Latinoamérica junto a él.

Ese sueño de recorrer nuestra Abya Yala lo tuve desde siempre aunque no lo había compartido con mucha gente, mi idea original siempre había sido en moto, incrementado más aun luego de ver “Diarios de motocicleta”. Un día chateando con mi gran amigo y ex socio, Leo, él me comenta que se iba con “El pelado” a recorrer América en moto, yo no podía creer lo que escuchaba, ya que habíamos compartido mucho tiempo juntos pero nunca habíamos hablado de eso. Su viaje se canceló y luego surgió la idea de hacerlo juntos. Pero la diferencia en nuestros tiempos y un poco las diferentes expectativas de cada uno en torno al viaje, hicieron que quedara en solo una idea.

Yo ya estaba decidido a hacerlo, sólo igual, aun no sabía si en moto, a dedo o en bici, solo sabía que lo quería y lo iba a hacer. Me seducía mucho la idea de hacerlo sólo, ya que en el correr de la vida me tuve que acostumbrar a recorrer gran parte de ella en soledad, sobre todo en lo que respecta a viajes, y ya me acostumbré y me gusta mucho ya que te da la libertad de elegir y hacer lo que quieras, sin dar explicaciones. Aunque obviamente, como todas las cosas tiene sus pros y contras, al igual que hacerlo de a 2, ya que está muy bueno el poder compartir, pero es muy difícil encontrar esa pareja de viaje, esa alma gemela con la que se logre tener la mínima cantidad de diferencias para hacer el camino con un mismo fin y poder sacarle el máximo provecho.

Pero bueno, ahí estaba frente a mí, ese mismo personaje que me había conquistado con su blog y ya había pre convencido a mi inconsciente, solo restaba una buena charla y ese contacto personal que es el que te ayuda a conocer un poco más a la otra persona. Pero esa charla, a altas horas de esa noche entre semana, fue el toque final que necesitaba, aunque sin pensarlo, para que hoy varios meses después, ya estemos encaminados en esta hermosa aventura a la que solo le faltan pocos meses para dar inicio.



3 comentarios:

Diego Revello dijo...

Bien dicen que de lo que se nos va a presentar mañana no tenemos certeza, pero seguramente no va a ser tal cual lo pensamos...

Diego, tuviste la facilidad siemrpe de que me pase horas leyendo lo que escribís y no me de cuenta. Ahora, Danny, tenés la misma facilidad, son tal para cual esa alma gemela de viaje de la cual hablás!!!
Arriba, mi apoyo siempre para los dos (:

Diego González dijo...

Jajaja, muchas gracias, Diego, en serio :)

Dannybolso dijo...

Diego R, muchisimas gracias!!!

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Macys Printable Coupons