24 feb. 2012

Cuarteto, Fernet con Coca y Hospitalidad

Llegar a ciudad de Córdoba supuso un desafío al clima y a los piquetes, siendo este último una causa del primero debido a un prolongado corte de energía eléctrica que aquel ocasionó y que nos obligó a avanzar entre cubiertas prendidas fuego y humo negro, al son del "Permisooooo..." furtivo a los manifestantes y sus protestas que menguaban ante el curioso espectáculo que ofrecíamos y que ellos sabían alentar al grito de: "¿De dónde vienen?".

El haber sido el último que había visto el mapa me otorgaba la calidad de guía temporal, cargo que ejecuté dando una vuelta completa al Parque Sarmiento, pensando que estaba en el camino correcto sólo para volver al punto de partida... pero es que de eso se trataría Córdoba.

"¿Todavía siguen por acá?"
Varias veces habíamos dicho a la gente que conocíamos que sin dudas nos veríamos a ver; pensamiento que bien reflejaba lo que queríamos pero no así lo que pensábamos que iba a suceder. Pero claro, pasó. Los primeros amigos que nos visitaron fueron Diego, Johanna y Magui, seguidos luego por Mica y Vero, todos de Luque. Aquel pueblo que tan bien nos había recibido sería ahora aquel que nos continuaría acompañando en nuestro próximo destino y transformaría las calles de una gran urbe en un pequeño pueblo, donde todos caminan lento, hablan pausado, y disfrutan tanto de un helado y de una cerveza como si de la primera se tratara.



Mirando
La primera vez que viajamos por una ruta antes de hacerla en bici sucedió a los pocos días de estar en la ciudad. Gastón, nuestro amigo de San Francisco, nos había propuesto conocer Villa Carlos Paz, un pueblo que encontraba su lugar en el perfecto equilibrio que suponían las laderas de las sierras y la vera del Lago San Roque. Así que con él, no muy temprano en el día, salimos a recorrer el cerro de La Cruz, aquel que nos descubre y recuerda la importancia de mirar, mientras se dibuja en el horizonte un sol que haciéndose paso por un intrincado camino de nubes, se despide del mundo que, bajo nuestros pies, se retira a descansar.


del’Sost
Era una noche que amenazaba tormenta aquella en la que hace unos cuantos meses decidí juntarme con una desconocida y su CouchSurfer español para ir a ver blues. Me bastó con un par de notas musicales y una noche para sentir que Maran, su huésped, era una persona especial, de esas que escapan a lo común, como sus conocimientos. Al despedirnos no pensé que fuera a volver a verlo, pese a su inminente retorno en Montevideo. Y no fue hasta el penúltimo día en Córdoba que me acordé de su residencia en la ciudad. Así que decido escribirle, y en cuestión de horas, volvíamos a encontrarnos en un abrazo fraternal, uno discontinuado en otras latitudes. Un almuerzo vegano, charlas sobre nuestras vidas, y una planificada excursión al Cerro Uritorco fueron más que suficientes para reanudar una amistad que, recién ahí, no la descubro como truncada.


"Tres acordes y la verdad"
Pero la sorpresa más grande vendría quizá de la mano de Santiago, viejo amigo de antiguas andanzas que allá en Montevideo sabíamos llevar a cabo entre mates, guitarras, videos de Les Luthiers y libros de matemáticas. Debo admitir que no fue grande la sorpresa que me llevé cuando me comentó el nuevo rumbo que decidió darle a su vida, pese a que me costó comprenderlo. A sus 24 años decidió abandonar el mundo de lo abstracto y material, y dedicarse a algo que la mayoría tildaría de "loco" (y que yo acompañaría yéndolo a visitar en bicicleta): Estudiar para sacerdote. En aquel lugar conocimos a todos sus compañeros, con quienes compartiríamos charlas tan intensas como el tiempo que duraría nuestra estadía. Retiros de silencio, oraciones, tareas para el Noviciado y discusiones de toda índole (racional y espiritual) cubrían el ambiente de un velo distinto, uno en el que se respiraba paz y se contrastaba la naturaleza con la religión. La colaboración, la investigación y la sabiduría, estrechaban sus manos en un pacto de sangre, uno que duraba toda la vida, que implicaba despojo de elementos materiales, desapegos familiares y de amigos, y que indicaba el comienzo de un viaje interior del que estaba orgulloso formar parte... tanto como él del mío... y no sólo por la amistad que nos unía, sino por uno que allí mismo, mientras los observaba rezar, descubrí: ambos caminos, si bien distintos, nos conducen a lo mismo.


Cuarteto, Fernet con Coca y Hospitalidad
Y al final, tras dar la vuelta al Parque Sarmiento pensando que estábamos en el camino correcto, volvimos al mismo punto sin encontrar nuestro destino. Quizá porque era eso lo que necesitábamos: saber que nuestros caminos, todos ellos, van volver a cruzarse; y que cuando lo hagan, será maravilloso... otra vez.

5 comentarios:

GuilleTavitian dijo...

Que grandes!!! Me alegro muchísimo de todo lo que estan viviendo y de todo aquello que aun les queda por hacer. Disfruten de cada momento, vivanlo al máximo y sigan adelante...o atrás...el camino lo hacen ustedes. Vayan donde vayan. Les mando un fuerte abrazo y grandes éxitos para lo que les queda de esta gran aventura.

Diego González dijo...

¡Que grande vos, loco! ¡Gracias por formar parte de esto! ¿Cómo te está yendo por allá? ¡Abrazo!

JOHANA dijo...

la verdad amigos que se hicieron querer en tan poquitos días y marcaron un paso en nuestras vidas!! muchas gracias por el cariño que nos brindaron... saben que a la distancia pueden contar con nosotros siempre!!! sólo les deseo toda la suerte del mundo en este hermoso viaje que emprendieron juntos... que dios los bendiga! UN ABRAZO GRANDE

Diego González dijo...

¡Joha! Gracias a ustedes por tanto cariño y por tomarse el tiempo de compartir otro destino más con nosotros... sé que será así con los siguientes. ¡Un abrazo grandote a toda la familia Luqueña! :D

Diana dijo...

que emocionantes palabras...cada vez que los leo es imposible no sentirme feliz por ustedes, por las experiencias que están viviendo y que tan abiertamente comparten con nosotros.
Abrazo grande!!

 
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