16 ene. 2012

Tourn

Partir de Nueva Helvecia fue un verdadero placer: no sólo por llevarnos hermosos recuerdos, sino también por un viento que desde el Este nos empujaba hacia nuestro nuevo destino: Colonia del Sacramento.


La ciudad se presentó tan turísticamente como la recordábamos, por lo que a ninguno de los dos nos invitó más que para estar por un rato mientras descansábamos del pedaleo. En la plaza principal del Barrio histórico, los turistas se paseaban al rayo del sol con sus cámaras, y cada tanto miraban las bicis y comentaban algo. Algunas parejas se refugiaban en la sombra de algún árbol y nosotros les imitábamos acompañados de un improvisado almuerzo.

Transcurrido un rato de modorra y tomando conciencia de que no teníamos lugar donde quedarnos, decidimos tomar las bicis rumbo al campo, donde nos sentiríamos más a gusto preguntándole a alguien si podíamos acampar en el frente de su casa. Fue entonces cuando, en una de esas paradas, me encuentro en el celular un mensaje de voz. Se trataba de César, un CouchSurfer que, a 15 Km de Colonia del Sacramento, nos invitaba a pasar unos días en su casa de San Pedro.

Nuevamente con el atardecer llegamos al lugar: 5 Km de camino de pedregullo y una hilera de pinos nos separaban de la afable sonrisa de César, quien inmediatamente nos ofrece una ducha y nos invita a pasar a su casa.

Al entrar, me sentí transportado en el tiempo: se trataba de un museo/taller/casa ↗ en un mismo gran galpón. En él, por la puerta principal, se encontraba un enorme museo de artículos antiguos, tanto domésticos como de mecánica agraria. Primus, mini fundidores de hierro, radios con válvulas al vacío (domésticas y de un DC-9), máquinas de escribir, piedras con fósiles de millones de años, boleadoras, botellas de todas las bebidas imaginables, pizarras de laja, documentos antiguos, y hasta inventos de un coloniense llamado "Toto" entre los que se encontraban máquinas de bobinados, radios que funcionaban a manivela, cercas eléctricas para ganado, y muchas cosas más. El museo era una suerte de túnel histórico de lo que supieron utilizar diariamente los bisabuelos en el campo, cuando llegando de las guerras de Europa, encontraron en la creatividad y en aquellos objetos, la seguridad de su pasado y la prominencia de un futuro brillante.

Inmediatamente atrás del museo estaba el taller de nuestro anfitrión. Seis mesas bien dispuestas con cuanto elemento de tornillería y fresería se les ocurra era todo lo que César necesitaba para trabajar... eso y su ingenio, el cual no parecía tener fin... Y no sólo en la mecánica. Aquel taller también servía como centro logístico de las movidas culturales y sociales de San Pedro ya que fue él junto con su padre quienes propusieron crear el museo que luego se fue llenando de colecciones que los vecinos de la zona proporcionaban, o quienes estaban organizando los actos de los 100 años del lugar. César no sólo era una suerte de enciclopedia con patas por su conocimiento, sino que también era un tipo cuya creatividad le emanaba hasta por los poros: con una vieja caldera de una maquinaria construyó una estufa que tenía hasta hornamentos y con la que planeaba realizar un muy práctico sistema de calefacción. Y su padre no lo era menos... Con sus conocimientos de herrería, aún mantenía un pequeño taller al costado de las mesas de su hijo, y más al fondo conservaba, en otro galpón y para el museo, dos calderas donde supieron realizar fundiciones.

Entre ladrillos refractarios, tierra húmeda, y los últimos rayos de sol reflejándose en los vidrios de una vieja cachila, aquel hombre se tomó el trabajo de llevarme consigo 50 años atrás, cuando en pleno invierno el lugar se transformaba en un horno no para calentarse, sino para fundir hierro a 1.500 oC. Así fue que aprendí a construir un molde para fundición, y me imaginé sin camisa y todo sudoroso al lado de la caldera chorreante con el rojo vivo del hierro fundido, donde hoy sólo quedaba la escoria gris y triste.

Y finalmente estaba la casa: cómoda, acogedora, y con las puertas abiertas a quien desee conocer la historia de la mano de estos dos artistas y compartir, junto con ellos, historias de viaje y de campo con una luna llena, enorme y blanca, como único testigo.


4 comentarios:

Diana dijo...

Que lindo!!!!
Igual (orgullo local mediante, jeje) de seguro podrían haber disfrutado bastante más de Colonia del Sacramento de haber estado con una locataria :) la gente suele quedarse con la parte histórica pero Colonia es mucho más que eso!! es una pena que no hayas recordado antes que yo era de Colonia, me podrías haber mandado un sms!! yo ni idea tenía de que iban a pasar por ahí, sino te decía de juntarnos al menos un rato.
Que bueno que conocieron a César!! yo lo conozco sólo virtualmente, por el grupo de Colonia en la página de CS y la verdad que tu descripción de él es lo que me imaginaba qe sería, una persona muy amable, atenta e interesante para compartir buenas charlas.
Sigan disfrutando de esa maravillosa experiencia!!!
Abrazo.

Diego González dijo...

Si, la verdad que un boludo importante, jajaja. Igual de Colonia del Sacramento recorrimos un poco más, y está bueno, lo que pasa es que ambos ya habíamos ido varias veces.

César es un capo y si podés no pierdas la oportunidad de conocerlo, seguro encajan bien de bien ;)

¡Gracias por estar del otro lado, loca! Pronto nos volveremos a ver por Uruguay :D

Cesar J. Tourn dijo...

Bueno, a mi compatriotas: solo tres cosas.
1: gracias por elegirme para compartir este principio de Gran Aventura, es para mi un honor haber podido compartir vuestro sueño aunque mas no sea un par de noches .
2: Gracias por tanta deferencia en vuestra memoria para con todo lo que han relatado de la visita a nuestro humilde lugar, es para nosotros un gran orgullo saber que ustedes aprendieron algo de nosotros, y es un orgullo lo que hemos aprendido de ustedes...
3) LPM, que envidia me entra que lindo seria cerrar e irme hasta nuevo aviso. ABRAZOS nos vemos, a la vuelta...

Diego González dijo...

1. ¡El honor fue nuestro, César! De verdá lo decimos
2. ¡Claro que sí! Ese lugar se lo ganaron ustedes
3. tan solo avisanos y nos juntamos en el camino :D ¿Quién te dice que no? Jejeje (a manijazo limpio y en dos días te tenemos acá, jaja)

 
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