15 ene. 2012

El Rey de la Chuleta


Dejar atrás la Ruta 5 implicaba el primer acercamiento a este sueño, era mojar la punta de los pies en el océano de experiencias que esperábamos vivir. El viento en contra nos sorprende en la Ruta 1 y nos obliga a dejar poco margen para apreciar la hermosura del Río Santa Lucía desde el puente, golpeándonos en la cara todo el camino. El calor era infernal, y el asfalto se pegaba obstinadamente a las ruedas de las bicicletas que en su primer día ya experimentaban condiciones extremas... como nosotros.

Guiados por la ansiedad pedaleamos toda la tarde al rayo del sol. Con relativamente poco entrenamiento y poca agua, encontrábamos en el saludo de la gente el aliento para llegar hasta nuestra meta: Nueva Helvecia. La primera gran parada la efectuamos en Libertad, y la segunda en La Boyada, donde por primera vez me animo a pedir agua a una señora que estaba en el frente de su casa. Amablemente no sólo me la ofrece, sino que además le agrega hielo, lo que nos brindó un breve respiro a nuestro cuerpo.

13 Horas más tarde y a 130 Km de nuestra partida, llegamos a Nueva Helvecia con el atardecer, pueblo que nos regaló ya desde su entrada en la ruta, una amena bienvenida disfrazada de dos ciclistas que nos acompañaron con buenas charlas hasta el pórtico que formalizaba la primera meta cumplida.

Con una sonrisa que apenas si cabía en nuestros rostros, nos dirijimos a la casa de Silvana, nuestra primera CouchSurfer. Al llegar, nos reciben Miriam, su madre, y Virginia, su prima, que como si nos estuvieran esperando, se encontraban tranquilamente bajo una parra descansando. Inmediatamente nos ofrecen una innegable ducha, y luego, ahora sí junto a Silvana, nos invitan a cenar.

Los dos días en Nueva Helvecia transcurrieron entre hermosos paisajes, gente amable, y excelentes charlas de la mano de Silvana, que con sus 19 años ya sabía lo que era cumplir un sueño.

Silvana, quien había sido criada en el campo a unos kilómetros de Nueva Helvecia, siempre había soñado en conocer Alemania, y no encontró mejor forma de acercarse a ese sueño que aprendiendo alemán como fuera: con música, libros, o cualquier otra cosa que estuviera en el idioma germánico. Al llegar al liceo se entera de una beca del gobierno Alemán para ir a estudiar durante un mes allí, y con mucho entusiasmo se anotó junto a otras 6 personas, llenando un formulario en su rudimentario alemán, ese que sin haberlo estudiado formalmente parecía brotarle directamente de sus propias ganas de viajar. Y fue la única que se inscribió en ese idioma. Y quedó. Y con 16 años, conoció Berlín. Desde entonces, Silvana ha luchado incansablemente por sus sueños, y con ese brillo inconfundible con que la pasión se transmite en la mirada, nos contaba que en Abril estaría volviendo por todo un año.

Con esa misma energía y entusiasmo nos mostraba su ciudad, compartíamos un almuerzo, o hablábamos de las excentricidades del vecino de enfrente, al que supuestamente hubo una época en la que le llamaban "El Rey de la Chuleta" por su pasado como carnicero, aunque en la actualidad se dedicara a la peluquería... O al menos eso aparentaba, ya que, según él, su profesión secreta era la de liderar un grupo interplanetario de cambios radicales.

Y fue así que la última noche me encontraba solo en el cordón de la vereda cuando se me acerca este personaje:
- ¿Qué hacés sentado ahí? ¡Sentate allá! -me ordena
- Es que acá agarro internet -le digo sin poder dejar mi vicio- ¿usted salió a caminar?
- Si, siempre salgo a esta hora, es el mejor momento para comunicarme. Porque yo soy de acá y de allá -me dice misteriosamente apuntando al cielo
- ¿Cómo es eso?
- Nosotros queremos que todos los planetas tengan un solo gobierno y una sola religión, porque ahora este mundo es gobernado por unos pocos, y lo están destruyendo. Los vamos a combatir; ya tenemos naves que viajan a 28 mil kilómetros por segundo, y también robots... Si mañana me ves por aquí y no te saludo es porque soy un robot
Hace una pausa, me examina con la mirada y continúa:
- Yo soy el jefe e ideólogo de este grupo; mi hermano es el Coronel en Jefe... Y de tarde soy peluquero. Bueno, no te molesto más -me dice y se retira tan abruptamente como apareció.
Al verlo partir, pienso en que éste debe ser el personaje del pueblo, y tentado a más no poder, intento concentrarme nuevamente en mi correo cuando vuelvo a ser interrumpido:
- Espero no haberte molestado
- No, no; no es molestia
- Sólo quiero decirte una cosa: Hay dos mundos: éste y el antimundo, que no se te olvide -me dice salomónicamente mientras camina hacia atrás apuntándome con el dedo índice.

Volví a la casa entre carcajadas a contarle mi episodio al Danny y a Silvana, pero ya acostado y repasando lo sucedido, sus palabras aún resonaban en mi mente y pienso en el cuento de los tres ratones ciegos que tocaban a un elefante y decían que eran elementos distintos, pero que al final sucedía que todos tenían una pequeña parte de una gran verdad.


8 comentarios:

Topacio dijo...

impresionante compadre!!!! no perdiste el toque para escribir eh? me alegra un montón que esté yendo todo sobre ruedas!! te queremos!!

Diana dijo...

Tremendo!! :) las pequeñas grandes maravillas de las ciudades del interior :)
Lástima que no coincidimos en su pasaje por Colonia del Sacramento.

Que sigan disfrutando!!! Arriba!!

Abrazo.

Euge dijo...

Estupendas las ganas de escribir que quedan despues de esas agitadas jornadas!!!
Es genial poder acompañarlos en el viaje!!!
=)
ADELANTE MUCHACHOS!!

Diego González dijo...

Topacio: ¡Gracias, loquilla! Por acá también se les quiere. Beso enorme a ambas :)

Diana: Una pena la verdad, ¡hubiese estado genial! :D

Euge: Jaja, ganas siempre hay, el tema es el tiempo y la disponibilidad de la conexión, jeje. ¡Que grande vos escribiendo justo cuando estábamos por cruzar el puente! :D

Mariano dijo...

Pero que buena historia! Que copado poder seguirlos por acá. Espero que no vuelvan hechos robots, o algo así eh.
Abrazo y arriba!

Diego González dijo...

Jajaja, la idea es todo lo contrario, Mariano, jaja

¡Seguiremos en contacto, loco! :)

Luis dijo...

jajaja muy bueno el personaje ese... si estarías concentrado que no lo invitaste a sentarte al lado tuyo a hablar de la vida, te hubiera dicho muuuuchas cosas. Un abrazo y continúe

Diego González dijo...

¡Claro que sí, Luisito! Yo le sacaba tema y charlamos pila, jejeje

 
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