18 sept. 2011

"...vida nueva"

Una de las grandes dudas desde que comenzamos con este proyecto era cuándo partiríamos. Ambos sabíamos que eso sucedería a finales de este año, pero jamás tuvimos en claro en qué momento, sólo nos manejábamos en términos de meses.

Cuando aún faltaba más de un año para que el momento de otras grandes decisiones llegaran, no nos preocupaba no tener claro cuándo arrancábamos. En parte, porque no había mucho que hacer, ya que lo que básicamente nos retenía eran algunas cuestiones legales en Nueva Zelanda.

El Danny siempre había tenido en claro que para mediados de Noviembre ya iban a estar esas cuestiones solucionadas, aunque en principio el procedimiento indicara que podía llevar hasta Febrero. Fue así que se compró un pasaje para llegar a Uruguay a mediados de aquel mes. Y se ve que tanto fue así que a las pocas semanas le estarían confirmando que el gobierno de Nueva Zelanda dejaría de ser un inconveniente.

Cuando esa noticia me llegó vía telefónica y de primera mano (esto es, el Danny emocionadísimo en una llamada transoceánica con unos cuantos segundos de defasaje), estaba claro que a partir de ese momento ya poco se trataría de jugar a irse, y esa segunda etapa de toma de decisiones era inminente, haciendo que ahora sea el momento de desempolvar todas aquellas preguntas que olvidadas en un cajón aguardaban en un sueño profundo sus respuestas.

Todo era nuevo para nosotros, y dos preguntas parecían imperantes de responder: cuándo partiríamos y cómo prepararíamos nuestro transporte.

Inmediatamente comenzamos a buscarle solución a ambas, y nos concentramos en las bicicletas: qué tipo de bicicleta usar, cuáles eran las que más nos facilitaban hallar repuestos a lo largo de Sudamérica, cuál sería el mejor precio, qué cosas teníamos que hacer y qué cosas no, y otro gran torrente de interrogantes aparentemente insolubles para nosotros, a quienes una bicicleta no se les presentaba más que como un caño con dos ruedas.

Así que decidimos por comenzar con lo más sencillo: ¿cuándo nos iríamos? Yo sabía que no quería hacerlo antes de Diciembre, pero por otro lado la idea de comenzar año nuevo en la ruta me era muy atractiva. Muchas personas me dijeron que no tenía sentido irse antes de año nuevo estando éste tan cerca, ya que era un momento para estar con la familia y que  era una época que simbolizaba muchas cosas. Para mí, no era más que un numero como cualquier otro, y de hecho la misma idea de no hacer lo que estoy acostumbrado a hacer me parecía más atractiva: ¿qué mejor que no pasar las fiestas con la familia y los amigos? No me lo preguntaba de malo, sino que era una necesidad de empujarme hasta los límites, de llevarme lo antes posible hasta el borde para saber si era, antes de partir, lo que yo creía que era... y no me refería a mí mismo, sino al viaje, a sus aventuras, pero también a sus soledades.

En mi casa se ofendieron. Todos me decían que estaba haciendo mal y que, sencillamente "le erraba al bizcochazo". Fue ahí cuando el Danny entró en escena:
Yo hace tiempo no veo a mi vieja... Me gustaría pasar las fiestas con ella -me dijo- ¿Y si arrancamos luego? -agregó.
La idea no me convencía, pero de a poco me fui dando cuenta... otra vez, con ese afán de hacer las cosas, me estaba olvidando de las que tenía en este mismo momento, que después de todo eran tan importantes como las que estarían por venir.

Dale... -le respondo dubitativo-. ¿Pero cuándo nos vamos? -pregunto.
Tras breves instantes, ambos respondemos lo mismo al mismo tiempo (como ya hace tiempo nos sucede):
¿Y si salimos el primero de Enero? ¡De esa forma empezamos el año con todo!
Ya no había más que discutir, y la sabiduría popular me lo recordaba: "Año nuevo..."

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