11 sept. 2011

Túnel

Siempre existen aquellas personas con las que parece que tenemos alguna conexión superior, alguna conexión especial guiada por algún túnel secreto que en el momento nos hace sentir una especie de inquietud, indicándonos que algo ha sucedido. Esas conexiones pueden darse a cualquier nivel y en cualquier momento. Puede que suceda cuando pensamos mucho en una persona que no vemos hace tiempo y justo nos llama, o puede que suceda con una persona que apenas conocemos y sin embargo parece que lo hiciéramos de toda la vida... Y esto da lugar a varios tipos de relaciones. Esas que quizá escapan a lo común y se basan en una esencia totalmente distinta a las tradicionales.

En estas relaciones, las cosas se suceden de forma mística: uno puede no tener comunicación por largos períodos de tiempo (o incluso siquiera haberse conocido aún) y así con todo, cada encuentro se transforma en un festejo, cada momento en un deleite, cada sueño personal en una meta compartida, y cada charla en efímeras horas hasta la madrugada.

Fue así que meses habían pasado desde que a Pablo le había visto por última vez. Había pasado, incluso, mi cumpleaños, pero aún así no tenía señales de vida. Sin embargo esa mañana me había levantado con la sensación de que tenía que comunicarme; sensación que se vio frenada por la necedad del egoísmo que perduró hasta la noche, cuando el mensaje se hizo más fuerte:
- Hola
- ¿Natalia?
- ¡Diego! ¿Qué hacés? ¿Llamás para despedir a tu amigo?
- ¡¿Eh?! ¿Qué despedir?
- ¿Qué? ¿No sabés? ¡Se va para España!
Ese mecanismo había funcionado una vez más.

Inmediatamente arreglé un encuentro para el día siguiente, donde me enteraría de todos los detalles. Pablo siempre se había sentido limitado por las posibilidades que mi país  le ofrecía para su carrera, y gracias a una beca completa para un posgrado en España parecía que su suerte estaba a punto de cambiar. Esa tarde, cerveza en mano y tirado en la playa de Pocitos, me enteraría de todas las ilusiones y los deseos invertidos para hacer realidad un sueño. Le escuchaba hablar con la misma emoción con la que yo tantas veces hablé de mi viaje. La pasión por cumplir un objetivo se transmitía y expandía a lo largo de toda la costa. Sentía, casi, que yo mismo era el que estaba por partir del continente en tan sólo unos días.

- ¿Y cuándo volvés?
- En Diciembre, pero aún no es seguro... capaz que me voy a Honduras
- ¡¿A Honduras?! ¿A qué?
- A hacer algo de trabajo humanitario
- Entonces... esta puede ser la última vez que nos veamos...
Fue al pronunciar esas palabras que me dí cuenta que estaba teniendo mi primera despedida, y todas aquellas imágenes que había imaginado de recuerdos y palabras duramente me abofeteaban en la cara obligándome a retener todos los gestos, todas las frases y todas las emociones en el único acto del abrazo.

Se que iré en unos días a acompañar a mi amigo al aeropuerto, pero no será esa mi despedida, será ese tan sólo el gesto que le recordará que este tipo de conexión no conoce de tiempos ni distancias.

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