25 may. 2011

Velocidad

Todos los Sábados era imposible que no me durmiera en el ómnibus; al punto tal que era ya casi costumbre pasarme de parada al llegar al destino y despertarme en el centro de Montevideo, viéndome obligado a tomarme otro ómnibus para atrás y así llegar sobre el pucho al trabajo. Sin embargo, esa mañana era imposible que eso sucediera, ya que la charla de la noche anterior me había dejado bastante pensativo. Era claro que quien habló fue un impulso, y que si bien estuve un buen tiempo pensando en las consecuencias, éstas nunca fueron tan reales como ahora.

Esa mañana durante todo el viaje estuve analizando y repasando todas aquellas cosas que debería hacer si realmente esto era lo que quería. "Que en realidad tengo chance de tener el título intermedio en facultad antes de irme, que en realidad sí llego a ahorrar como para más o menos subsistir durante un tiempo si mantengo determinada conducta, que si hablo con mi familia qué dirán, que si esto, que si aquello..." me repetía. Y así fue cómo la tarde me sorprendió en un café de Ciudad Vieja, compartiendo con una de aquellas soñadoras con la que tantas veces nos dedicábamos a flirtear con la idea, una charla donde le confesaba mis nuevos desasosiegos.

En momentos como ese sentís que estás seguro de lo que querés hacer, y que no te importa el precio que haya que pagar. No significa eso que de todas formas no tengas miedos, dudas, o incertidumbres, pero sí significa que estás dispuesto a volcar todas tus energías para superarlo... pero claro, siempre es mejor acompañado, y pacientemente mi interlocutora me aconsejaba con la mirada.

Ya sabía: dos materias por semestre el año que viene y ya estaba el otro lado... Iba a complicarse un poco al final, cuando a fin de año estemos medio prontos para salir y yo continuara dando exámenes, pero esas eran cosas que habría que ver más tarde. Con mi familia hablaría, pero no con demasiada anticipación, para evitar que se preocupen. También estaban las implicancias legales: "¿puedo entrar a cualquier país de Sudamérica? ¿Y por cuánto tiempo? ¿Alguno me exige algo diferente? ¡Tengo que sacarme el pasaporte!" pensaba.

Quizá debido a estar acostumbrado a trabajar en ambientes donde lo que se valora es la velocidad y la calidad, y al estudiar donde las soluciones son exactas y verificables, combinado con la ansiedad del momento, no pudiera ver las cuestiones obvias, y me sentí bastante boludo el momento en que en la charla siguiente el Danny me preguntó lo básico: "Y a vos... ¿en qué te parece ir?" Aún no me había detenido siquiera a pensar en eso... Sin haber arrancado, ya sentía que estaba aprendiendo algo.

3 comentarios:

Nadia Puga dijo...

Esta buenisimo Diego! me encanto.. me dieron ganas de agarrar mi bicicleta :)

Diego González dijo...

Jajaja, ¿y por qué no? ;)

Unknown dijo...

me encanta leer estas cosas... me hace acordar mucho a tooodo lo que ya ha pasado desde que dijiste "voy"... el viaje no solo vale por el viaje, sino por todo lo que ello implica antes, durante y despues de eso(como lo decia en entradas anteriores)... vamos con todo hermanito de la vida!

 
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